La comida colombiana: resguardo de nuestra memoria histórica

por Johan Mendoza Torres, Ph. D. *

Investigar desde el marco de la sociología de la comida representar profundizar como fenómeno atípico en el campo investigativo, también, justificar una investigación sobre la alimentación, sobre la cultura alimenticia, el acto de la alimentación o, de manera general, "sobre la comida" , implicó en principio, reconocer que “los estudios culturales tratan de observar cómo las prácticas sociales y culturales reproducen, negocian y / o resisten las estructuras sociales sedimentadas a través del proceso histórico” (Castagno, 2003, p. 53).

De acuerdo con Díaz y Gómez (2005) las prácticas culturales, entre ellas, las prácticas alimentarias no sólo son comportamientos o hábitos, sino que también, son prácticas sociales que contienen una clara dimensión imaginaria, simbólica y social. El papel decisivo de la alimentación en la evolución humana ha sido resaltado, aparte de una función biológica, como una función social esencial. Es claro que, por lo menos en Colombia, los estudios sobre la comida no han logrado desarrollarse de manera clara y fortalecida, quizás porque el mismo clima universitario no ve pertinente (ni siquiera en las ramas de las ciencias sociales) dicha temática; pero, consideramos que esta manifestación, que en principio se muestra como un obstáculo para desarrollar investigación en lo que se ha denominado como un “tema atípico” en el país,

¿Para qué investigar sobre comida? ¿Qué intereses, dominantes o no, se ven representados allí? Bien, frente a la primera pregunta, “la comida y los comportamientos asociados a ella no han sido tratados como temas de estudio relevantes por los sociólogos. Diversos autores han resaltado el retraso con que la sociología ha abordado, de forma sistemática y central, el fenómeno alimentario ”(Mennell, Murcott & Otterloo, 1992; Mclntosh, 1996, Poulain, 2002 citados por Díaz & Gómez, 2005, p. 22), la necesidad de investigar habla desde la ausencia de dicha investigación sobre esos temas en un país como Colombia. Con respecto a la segunda pregunta, intentar responder, claramente arrastraría al escenario en un debate tan antiguo como el antagonismo entre conceptos tales como ciencias exactas y ciencias del espíritu, o “temas importantes y temas menos importantes”. Por ello, no es el fin entrar en ese antiguo debate, sino solventar la necesidad de explorar el campo del conocimiento, llenarlo de nuevos descubrimientos sin la imposición de un exclusivo método científico o sin la imposición sesgada sobre resultados son los temas importantes y asuntos no lo hijo; con las anteriores certezas, de seguro,

¿Qué intereses se hallan en el campo del estudio de la alimentación humana? En principio, es un campo tan diverso que se podría partir justificando que “el hecho de comer no sólo tiene como función primordial proporcionar la nutrición necesaria, sino que también es un acto dotado de sentido cultural, al tiempo que generador y / o fortalecedor de los vínculos de sociabilidad ” (Entrena & Jiménez, 2013, p. 689). El sentido cultural, los símbolos que se hallan en el acto de la alimentación, los vínculos de sociabilidad, los códigos que representan la estructura cultural, política y económica de las sociedades y que viajan en la cotidianidad de aquellos actos que se podrían considerar mecánicos o desprovistos de un significado académico, configuran el foco general del interés de la presente investigación.

En relación con lo anterior, según Díaz (2005) ese cuestionamiento de la alimentación como hecho social ha dejado de ser hoy un tema de debate entre aquellos analistas del comportamiento alimentario, ya que a la fecha existen suficientes soportes teóricos y empíricos para hablar de una Sociología de la Alimentación, según la autora, Mennell, Murcott, van Otterloo, Poulain, Barthes, son representantes de dicho soporte.

Entonces, la presente investigación ahonda en el campo del acto alimenticio, no solo para hallar un valor académico en dicha temática, sino que pretende relacionar dicha temática con la posibilidad de construcción de memoria histórica a partir de estudios de caso con sujetos que han vivido algún capítulo del conflicto colombiano.

De cierta manera las relaciones entre comida y continuidad de la nación, comida y ubicación con el pasado, comida y representación de una cultura ancestral, son manifestaciones que propone Barthes (1961) from el ámbito de la cultura francesa, un ejercicio que cualquiera en un país como Colombia podría definir de manera sesgada como “natural” por el hecho de “ser franceses”. No obstante, ¿acaso la tradición culinaria campesina colombiana es lo suficientemente conocida como para asegurar que la expresión de las relaciones anteriores es “normal” en un francés, pero imposible en un colombiano? ¿Acaso no tiene esto que ver con la necesidad imperante de justificar investigaciones en campos “atípicos” como el de la alimentación para ofrecer una respuesta académica y no sesgada?

Para Barthes (1961) la comida no es sólo una colección de productos, merecedores de estudios estadísticos o dietéticos. Es también un sistema de comunicación, un cuerpo de imágenes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas. Por tanto, ha de tenerse en cuenta que si el interés investigativo es concatenar acto alimenticio y construcción de memoria histórica, aunque el tema del conflicto colombiano se ha trabajo desde múltiples disciplinas y constituye aún gran parte del escenario orientativo de la realidad política nacional, la novedad presente en esta investigación consiste en que el camino para abordar la problemática, implica el estudio de una manifestación cultural materializada en la vida cotidiana de sujetos que en el acto de la alimentación son portavoces de memoria.

La comida, en resumen, va a perder en sustancia y ganar en función; esta función será general, retomará actividades (como el almuerzo de negocios) o descansos (como el café); pero el rigor mismo de la oposición entre el trabajo y el reposo corre el riesgo de hacer desaparecer paulatinamente la tradicional función festiva de la comida. (Barthes, 1961, pág.223)

Si lo que Barthes (1961) asegura es cierto y la comida se consolida en la sociedad contemporánea más como función que como sustancia, entonces, investigar la cultura alimenticia en actores sociales que tienen impresa la huella del conflicto es lograr develar a partir de la práctica cotidiana, a partir de la interacción simbólica, cómo el rito más antiguo de la humanidad (reunirse a comer) caracteriza, modifica y reconfigura la construcción de memoria histórica.

Si bien esta investigación no pretendió evaluar la categoría conflicto, desde un marco lineal, sí se orienta al estudio de casos en los que los sujetos han sido afectados por el conflicto social y armado colombiano, pues es allí, donde se justifica y se configura la investigación como un pilotaje para estudios futuros, muchos más amplios, ya no de casos, sino por conglomerados o regiones específicas.

La comida, como afirmaba Barthes (1961) cumple una función de alguna manera rememorativa. Si bien el punto de vista de los estudios del autor, tienen su base sobre la sociedad francesa, la alta relación de la comida y la cultura francesa, la expresión coloquial de reconocer en lo francés, un sinónimo de amplia cultura alimenticia ha sido sin duda consecuencia también de las investigaciones que comenzaron a hacer consciente ya codificar, teorizar, algo que ya se hallaba presente en la cultura. Entonces: ¿por qué memoria histórica?

El empleo del concepto “memoria histórica”, para quienes antes desarrollan conocimientos especializados en materia histórica, no es tan sencillo sin problematizarlo y exponer el sucinto debate que subyace en él, la clara dialéctica entre quienes observan la historia como el marco objetivo y la memoria como un marco subjetivo. De tal manera, es evidente la necesidad de que en el desarrollo de la problemática investigativa se ahonde en este debate definir claramente cuál es la perspectiva desde la que se asumirá el concepto.

Mientras se avanza hacia la problematización del concepto, es importante mencionar que Andreas Huyssen (2002), citado por Cancimance (2013) aclara que uno de los fenómenos culturales y políticos más relevantes de los últimos años es la emergencia de la memoria como una preocupación central de la cultura y de la política de las sociedades occidentales. Del mismo modo Cancimance (2013) señala que es importante reconocer que, en procesos de construcción nacional como el colombiano, en donde a pesar de la firma del acuerdo de paz con las FARC-EP hoy partido político Farc, se hallan contextos sobre todo en la ruralidad, inacabados y atravesados ​​por un pasado y un presente de violencia. Es allí según el autor, donde resulta imprescindible hacer uso de la memoria,

Esta investigación orienta el estudio de la cultura alimenticia, en actores que vivieron alguna manifestación del conflicto colombiano, hacia la construcción de memoria historia, porque la memoria contiene no solo una dimensión subjetiva, sino social. “La dimensión social de la memoria, es el hecho de que esta facultad, en cuanto que trasciende las potencias del individuo aislado, tiene por lo mismo variadas determinaciones sociales” (Aróstegui, 2004, p. 17).

Profundizar en la memoria no vista de manera hegemónica, pues las voces de actores que hablan de un conflicto que ya “ha pasado” consolidan esa connotación de pasado, como un escenario que pudo haber sido en los años 40, como pudo haber sido en el comienzo del siglo XXI. El punto es la importancia de hallar en el estudio cultural y la narrativa de los actores que decidieron colaborar con este trabajo, la probabilidad de configurar marcos para la recomposición de un tejido social deshecho por las razones del conflicto: ¿cuál conflicto ?; básicamente, el que se desarrolló en el marco de la segunda mitad del siglo XX.

¿Lo anterior no denotaría una falta de delimitación de lo que se denominará conflicto social y armado? La respuesta a esta pregunta expresa de modo certero la justificación del interés por la memoria, pues si se va a indagar por la memoria histórica, ¿cómo es posible condicionar desde un marco histórico el relato que una persona que ha pasado por situaciones de violencia y que está dispuesta a narrarlo haciendo el ejercicio de recordar? Eso no es posible, por ejemplo, de acuerdo con una investigación desarrollada por Héctor Carvacho, Jorge Manzi, Andrés Haye, Roberto González y Marcela Cornejo (2013), luego de indagar a varias personas en la construcción de memoria histórica chilena,

En conclusión, apostar desde la investigación social en temáticas “atípicas” es apostarle a la construcción de mecanismos académicos para la comprensión de las diferentes prácticas que constituyen las características de la sociedad colombiana. Una sociedad que si bien no se halla en una etapa objetiva de “posconflicto”, en lo que respeta los actores que colaboraron en la presente investigación, cabe mencionar que abrieron las puertas de sus casas, de sus cocinas ingresa, sin el peligro de queara gente armada a irrumpir el acto alimenticio; un acto que habla no solo de la comida, sino de lo que culturalmente somos como sociedad, siendo allí, en el “somos”, donde reside el compromiso con la composición de tejido social en Colombia.

Referencias
Aróstegui, J. (2004). Retos de la memoria y trabajos de la historia. Revista de historia contemporánea , (3), 1-58.
Barthes, R. (1961). Por una Psico-Sociología de la Alimentación Contemporánea. Annales , 213-221. Recuperado de http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:Empiria-2006-4A64A033-8993-2131-AB5F-E78CEBE713A2&dsID=Documento.pdf
Cancimance, A. (2013). Memoria y violencia política en Colombia. Los marcos sociales y políticos de los procesos de reconstrucción de memoria histórica en el país. Eleuthera, 9 (2), 13-38. Recuperado de http://vip.ucaldas.edu.co/eleuthera/downloads/Eleuthera9_3.pdf
Carvacho, H., Manzi, J., Haye, A., González, R. y Cornejo, M. (2013). Consenso y Disenso en la Memoria Histórica y en las Actitudes Hacia la Reparación en Tres Generaciones de Chilenos. psykhe, 22 (2), 33-47. doi: 10.7764 / psykhe.22.2.601
Castagno, P. (2003). La cuestión política de los estudios culturales. Rihumso , 2 (5), 39-64. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5744426
Díaz, C., & Gómez, C. (2005). Sociología y alimentación. Revista Internacional de Sociología , (40), 21-46. Recuperado de http://revintsociologia.revistas.csic.es
Entrena Durán, F., & Jiménez Díaz, J. (2013). La producción social de los hábitos alimenticios. Una aproximación desde la sociología del consumo.Revista de Ciencias Sociales , XIX (4), 683-693. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28029474007

* Johan Mendoza Torres, Ph. D. es Sociólogo de la Universidad Santo Tomás, especialista en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), magíster en Desarrollo Social y doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Católica San Antonio de Murcia. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.
Revista Sol de Aquino. ISSN 2744-8487 (En línea) Número 18 2020

Sol de Aquino

Es una publicación interdisciplinar de carácter divulgativo, que nace en el año 2003 y tiene como propósito visibilizar ante la comunidad tomasina y la población en general, las experiencias derivadas de las actividades universitarias de la USTA y ligadas a las reflexiones sobre Sociedad y Ambiente.

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